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CUESTIÓN DE DIGNIDAD HUMANA

Ana Isabel Rigueira García
a.rigueira.000@recol.es

No nos engañemos, señores. El problema de las antenas de telefonía móvil va mucho más allá de una simple discusión acerca de mayorías necesarias en las comunidades y de la declaración o no de sus ingresos a Hacienda.

En realidad es un problema tan serio como el de una gran falta de respeto hacia la dignidad humana y hacia los derechos de autonomía del hombre.

Para empezar, cuando se discute de la afectación o no de la salud debida a las antenas de telefonía móvil situada en los tejados, una tiene la impresión que el que plantea el tema habla por hablar y que, en realidad, no tiene ni idea de qué es la salud. La salud, según la Organización Mundial de la Salud (que seguro que sabe mucho de ello) es "el estado de perfecto bienestar físico, psíquico y social, y no la mera ausencia de enfermedad". Teniendo esto claro, sabemos que estas personas tan preclaras hablan de salud física, porque en lo que respecta a la salud psíquica y social, no hay discusión posible respecto a los problemas que se generan. Y si no, que nos pregunten a los afectados... o a nuestros vecinos.

Y, en cuanto a SALUD FÍSICA se refiere, cuando se interroga, tanto a empresas de telefonía como a autoridades acerca de su seguridad, la respuesta es: "de momento" no se ha visto que existan problemas... y se espera que con ello nos tranquilicemos todos y tengamos por seguro que los teléfonos móviles y sus estaciones base (vulgarmente "antenas") son inocuos. Pero si se busca información, se encuentra que la realidad es que tal seguridad SE ESTÁ INVESTIGANDO. Lo cual no quiere decir ni más ni menos que eso: que no se sabe. Pero que existen razones de peso suficiente como para que un montón de gente dediquen sus horas de trabajo para averiguarlo, y que además se destinen muchos millones de pesetas, euros o lo que sea en dicha investigación. Y además si se investiga dicho tema no es porque no se sepa nada de nada, sino porque existen mecanismos biológicos conocidos que justifican que sean procedentes tanto dispendio de dinero y tiempo. O sea, que mientras unos cuantos intereses creados pretenden que creamos que el significado de "no se sabe" sea "no produce daño hasta que se demuestre lo contrario",la realidad es que si dentro de unos años llega tal demostración ö y crucemos los dedos para que no llegue ö habremos estado expuestos sin remedio... y esperemos que no sea demasiado tarde.

Y cuando se dice que se está investigando además hemos de suponer que tales investigaciones se están realizando del único modo que se admite actualmente que deben realizarse con los seres vivos: respetando los llamados principios de bioética, a saber, la no maleficencia, autonomía, justicia y beneficencia. Ello supone que se ha tenido la deferencia de informar y pedir permiso para realizar tales investigaciones a un cierto número de "privilegiados" (autonomía), que dichas personas no pueden ser miembros de la sociedad especialmente susceptibles a los posibles daños, o más desfavorecidos o debilitados (niños, embarazadas, ancianos, personas con marcapasos...). También supone que no deben existir discriminaciones (justicia), y que todas las investigaciones se deben realizar con el objeto de obtener unos beneficios futuros que superen los riesgos esperados (beneficencia). Y, además supone que, a las personas en exposición, se les sigue de un modo exhaustivo y en todo momento pueden dar marcha atrás, si consideran que se les está perjudicando, por ejemplo. Bueno, y todo ello suponiendo que al menos la investigación se esté realizando correctamente, claro.

Pues bien, por si los lectores no lo saben, es precisamente el hecho de que estas investigaciones se estén llevando a cabo lo que proporciona mayor fuerza a que la población exija el no ser expuesta a las radiaciones de telefonía móvil en contra de su voluntad. Porque si existen personas a las que se les permite optar libremente por ser o no ser expuestas ¿cómo se entiende la autonomía del individuo y la justicia social si al resto ni se nos pregunta y en caso de rechazar dicha exposición se nos obliga a someternos a ella por el interés económico de nuestros vecinos?

Y también, por si los lectores no lo saben, resulta que la bioética fue una disciplina que surgió precisamente para evitar este tipo de abusos: para poner freno a desmanes como el cometido por los nazis, que, aprovechándose de la condición de prisioneros de miles de personas, realizaron con ellos investigaciones médicas utilizándolos cual si ratones de laboratorio fueran. También para evitar situaciones como la ocurrida en Estados Unidos entre los años 30 y 70, donde algunos "investigadores" negaron tratamiento eficaz contra la sífilis a algunos pacientes negros aquejados de dicha enfermedad, con el "sano objeto" de conocer cuál sería la evolución "natural" de la misma. ¡De bien poco nos han servido estas lecciones de la historia reciente! Resulta que nuestras autoridades aún ven lógico esto de permanecer a la expectativa y "ver qué sucede", negando con ello a una gran parte de la población de su derecho a la autonomía. Y al final los resultados de esta particular investigación acerca de los efectos de esta radiación electromagnética de las antenas se tendrán, ni más ni menos, que entre los expuestos voluntariamente a dicha investigación y entre los miembros de aquellas comunidades con mayores dificultades económicas y sus convecinos, voluntarios o no.

Ello sin hablar de la desproporción de los beneficios para los cuales estamos dispuestos a tanto sacrificio: DINERO ... a cambio de: DUDAS en la producción de tumores, leucemias, enfermedad de Alzheimer, retrasos en el crecimiento y aprendizaje de niños, producción de abortos y malformaciones fetales, tensión alta, trastornos inmunológicos, cataratas..., CERTEZA de producción de alteraciones de sueño, cefaleas, accidentes de tráfico terrestre y aéreo, alteración de marcapasos, ansiedad y trastornos obsesivos de los vecinos directamente afectados, problemas sociales de los disidentes de una comunidad con el resto de los vecinos y con su propio ayuntamiento ... que sepamos por el momento. Y dinero no precisamente para las personas afectadas, sino dinero para las empresas, para los inversores en bolsa... para algún que otro "interesado" dentro de las propias comunidades de vecinos... o con influencia sobre ellas. Nos hemos empeñado en convertir en caníbales a las vacas y ya vemos los resultados que estamos obteniendo. Ahora nos empeñamos en enfrentar a unos vecinos contra otros utilizando dinero como señuelo, lo cual no deja de ser otra forma de canibalismo. Sólo nos faltaría que se empezara a ofrecer dinero a cambio de donaciones de órganos, y ya veríamos como también nuestros vecinos necesitados nos acecharían tras las esquinas como ocurre en países que todos tenemos presentes, aunque en este caso el beneficio último sería al menos el de una vida, de alguien con dinero, claro.

En definitiva: presos judíos, negros, comunidades de vecinos pobres...todos objeto de un proyecto de sociedad tan importante que merece el sacrificio de la dignidad humana ¿no es así?

Feliz idea la que tuvo el personaje al que se le ocurrió descargar a los ayuntamientos del problema de procurar una ubicación adecuada a los nuevos sistemas de comunicación (que no necesitábamos para nada hace cinco años, por cierto) para cargar dicha responsabilidad sobre los propios ciudadanos, ...y conseguirlo mediante en el ensañamiento de los unos contra otros, que es en definitiva lo que se está consiguiendo. A esto, no hay duda, se le llama mejorar la comunicación. Sí, señores.


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